martes, 30 de junio de 2015

Un cuadro me trajo hasta aquí

Cuando llevas en el alma el espíritu de viajar, todo resulta motivo de inspiración.
A veces la excusa puede ser el escenario donde se filmó una película, como nos pasó con la bella ciudad de Cortona en La Toscana de Italia, otra veces la culpable de que no estemos aquí sino allí es alguna canción, como cuando en nuestros oídos suena Soda Stereo y la inconfundible voz de Gustavo Cerati que nos lleva a la Ciudad de la Furia para volver a nuestro Buenos Aires querido, y hay ocasiones en las que los trazos de un pintor llegan a nuestros ojos y somos seducidos por su mirada, excentricidad y genialidad. 


Un cuadro nos trajo hasta aquí.
Así fue cómo arribamos a Cadaqués, el pueblo más oriental de España. Atraídos por esa ventana abierta, a través de la cual una mujer mira y parece perderse en lo que ve.
Muchacha en la ventana - Salvador Dalí -1925
Muchacha en la ventana es un cuadro famoso del artista español Salvador Dalí, pintado en 1925, que representa a su hermana Ana María asomada a la ventana, de espaldas, en la casa de vacaciones que la familia tenía en Cadaqués. 

Cadaqués.

Y es justamente ese escenario, el de un pueblo de casitas blancas a la orilla de una bahía con acantilados y una costa salpicada por barcos, del cual Dalí también parece haberse quedado obnubilado. El pintor pasó allí parte de su infancia y adolescencia y también conoció a Gala, el gran amor de su vida. Luego, ambos se fueron a vivir a menos de 5 kilómetros, en un pequeña cala de pescadores llamada Port Lligat, donde establecieron su hogar-taller que a partir de 1997 se abrió al público.

Port Alguer - Salvador Dalí - 1923





Llegar a Cadaqués no es sencillo porque la carretera es angosta y abundan las curvas de montaña, pero la ruta de la Costa Brava vale muchísimo la pena. Desde Barcelona son 172 kilómetros y también se puede acceder en tren y en barco.

Caminando por el laberinto de callejones que forman el casco antiguo de Cadaqués, admirando sus construcciones blancas, la belleza de la iglesia Santa Marta -ubicada en el punto más alto del lugar-, paseando por la rambla y la bonita playa con los barcos en su orilla, uno puede entender cómo Salvador Dalí se enamoró perdidamente de éste pueblo medieval. 








15 minutos a pie es lo que se tarda en llegar de Cadaqués a Port Lligat y encontrar la mágica Casa-Museo Salvador Dalí  rodeada de olivos. 



Ya antes de entrar, cuando un oso polar disecado te da la bienvenida, se intuye que lo que hay detrás de la puerta no será convencional. 




Cada habitación de la vivienda es un cuadro repleto de objetos kitsch que el pintor fue recopilando: sofá con forma de labios, pequeñas jaulas de grillos, carteles de una fábrica de neumáticos al lado de una piscina, animales disecados -que ellos habían tenido- y por los que el matrimonio tenía cierta obsesión (en la biblioteca están los cisnes y en el dormitorio un cordero), y otros elementos extraordinarios, nunca vistos y totalmente surrealistas reflejan la extravagancia y las fijaciones que tenía la pareja.









El Taller de Dalí es un espacio luminoso donde el pintor tenía instalado un caballete con motor que le permitía pintar cuadros de grandes dimensiones sin tener que subir a un andamio. Allí se pueden ver dos obras en las que estaba trabajando al momento de la muerte de su esposa en 1982.






En la parte exterior de la casa se destaca su famosa escultura El cristo de las basuras, una obra realizada con materiales de desecho. 



También tiene un lugar protagónico una escultura de un enorme huevo a modo de tótem ubicada en el techo de la casa. 



En la obra de Dalí el huevo es un símbolo que se repite muchas veces. La fachada del Teatro Museo Dalí en Figueres -la ciudad que vió nacer y morir al pintor y donde hoy reposan sus restos- está adornada con varios huevos gigantes. El artista afirmaba que podía recordar el tiempo que estuvo en el útero de su madre, y lo relacionó con un huevo, duro por fuera y blando por dentro. Fue un símbolo que usó recurrentemente para referirse al nido, a su hogar.



Teatro Museo Dalí en Figueres

Seguir las huellas de Dalí nos llevó a estos pueblos medievales encantadores que nutrieron con su magia la mente y las pinceladas del padre del surrealismo. Pueblos que miran al mediterráneo, a ese mismo mar que miraba la hermana de Dalí y que llegó a nuestros ojos en forma de cuadro para traernos hasta aquí.





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