viernes, 24 de abril de 2015

¿Qué tenés en la cabeza?

Ellas cargan comida, ropa, leña.
Ellos cargan mesas, sillas, cajones de frutas, bolsas de verdura, cajas con equipos electrónicos y también leña, mucha, muchísima.


Quizás sean invisibles, pero cuando los bultos se acumulan en sus cabezas o espaldas pasan a ser invencibles.

Ellas suelen vender lo que cargan.
Ellos transportan las bolsas de las señoras que van a hacer sus compras al mercado o trasladan de un lado al otro la mercancías de los comerciantes.
Los mercados de Latinoamérica no existen sin ellos. 













En Ghana, a las chicas jóvenes de zonas muy pobres que trabajan en las ciudades como cargadoras con la cabeza, las llaman kayayo.
En Bolivia, a los hombres que hacen el mismo trabajo, los llaman aparapitas y en Centroamérica los denominan cargadores. Son los hombres de metal que sobrevivieron décadas de explotación y desafían a la modernidad. 









Con orgullo llevan su soga en la frente, que viene a ser una extensión de sus brazos, para cargar bultos que pueden sumar más de 50 kilos. 
No suelen hacer ostentación de sus físicos, todo lo contrario: son hombres pequeños y encorvados. Parece como que el peso que llevan a diario sobre sus cabezas y espaldas va reduciendo sus sombras.





Nosotros, que con los viajes -y los años- hemos cambiado el peso de una mochila en la espalda por una valija con rueditas y hace 3 años directamente decidimos no llevar peso y viajar en una kombi, nos preguntamos “¿cómo hacen?”.

Según nos contaron, llevar las cosas en la cabeza –en el caso de las mujeres- o llevar las cosas en la espalda pero haciendo fuerza con la frente –en el caso de los hombres-, es mucho más cómodo y menos doloroso que cargarlo de la manera tradicional.

El mecapal es clave, nos dice Salvador, al mostrarnos una tira de cuero con dos cuerdas en los extremos, que es su herramienta de trabajo.
Aunque no se sabe quién lo inventó ni cuándo se inició su uso, el mecapal fue muy utilizado en la época prehispánica para transportar todo tipo de bienes.

Consiste en una banda de algodón o de ixtle –fibra del maguey–, sujeta por sus extremos a dos cuerdas que sirven para sostener la carga. La banda protege la cabeza y el cuello, y al mismo tiempo hace que la carga se equilibre y que el peso de ésta se distribuya por todos los músculos del cuerpo del cargador.


Y, como casi todo lo que nos provoca curiosidad nos gusta probarlo,Martín intentó hacer el trabajo de un cargador en el Mercado de Chichicastenango en Guatemala y esto fue lo que sucedió:


Después de muchas risas y el temor de que Martín se desnuque (aunque menos mal que tenemos seguro de viaje), Salvador le auguró que con más práctica ¡lo lograría!
Hay que tener en cuenta que éstos hombres y mujeres aprenden desde niños a cargar peso en sus cabezas, o sea que 
sus músculos están entrenados para soportar el peso y, además, saben cómo balancearlo porque desarrollaron un andar más eficiente que el que utilizamos normalmente nosotros al caminar.



Sonrisita sufrida.
Yo intenté con el equilibrio... complicado.
Algunos estudios que les hicieron a las mujeres de las tribus Luo y Kikuyu del este de África, determinaron que  las personas pueden transportar peso de hasta un 20% de su peso corporal sin gastar energía extra, más allá de la que se gastaría dando un simple paseo por un parque.


Mujeres en África.
Mujer en India.
Así que nuestro homenaje a las mujeres que hacen malabares con sus cabezas y a estos hombres de metal que andan con sus frentes altas, sin quejarse y con una sonrisa, cargando a diario el peso de sus vidas.
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