miércoles, 2 de julio de 2014

Oaxaca musical (y el poder ver más allá de las olas)

“…Gota gota gota gotita de mezcal
gota gota gota gotita de mezcal 
dicen que tomando pierdes la cabeza y el dinero.
pero a mi crece el pecho con ese mezcal del bueno,
como toca la barrica de su cielo de Oaxaca 
como pinta el mezcalito gusanito de tu boca…” 

Hay lugares de los que me enamoro a simple vista. Llego, miro por la ventanilla de la kombi y fuaaa ¡flechazo! Otros, quizás, me lleven un tiempo y otros, tal vez, desfilen como ajenos. 
Posiblemente, casi como en el amor.


Y cuando hay amor a primera  es necesario volverlo inmortal.

Llegamos a Oaxaca, ciudad al suroeste de México, tierra del maguey y el mezcal, del queso que lleva su nombre y se desovilla en hebras, de los 7 moles y mil sabores, de insectos comestibles y bichos que se hicieron famosos, de serranías desérticas por aquí y playas vírgenes más allá; comimos, bebimos, caminamos, conocimos, nos enamoramos.

Los pintores también inmortalizan en sus cuadros.
Mezcales y Moles, sinónimos de Oaxaca.
Queso Oaxaca.
Chapulines.
De la planta de maguey se hace el tequila y el mezcal.
Hierve el Agua.

Oaxaca no fue flechazo de amor, fue un amor lento, de esos que se cocinan con el correr de los días.
¿Cuál será el momento en el que la cabeza y el corazón nos hacen clic?

En el caso de Oaxaca, yo lo supe: Un viernes lluvioso, camino a la panadería, frené. Levanté la cabeza. Observé: Parque. Gente. Lluvia. Gente trotando bajo la lluvia. Se veía buen plan. Y en mi cabeza mil excusas y unos mates con budín marmolado que me esperaban. Alma de gorda, dicen. Seguí.

A la mañana siguiente volví: Zapatillas, calzas y remera. ¿Cómo empezar a correr?, decía una rutina que encontré por internet. Calentamiento, 1 minuto de trote y 6 de caminata. Tres series. Y yo, que no te corro ni el colectivo, empecé un sábado a la mañana.

Jamás olvidaré la plaza que me vió trotar por primera vez.
Las chicas también hacían gimnasia el sábado a la mañana.
A Oaxaca hay que caminarla, caminarla mucho, entendí después. Y si es con Lila Downs, mejor. Y a paso lento y en las pequeñas cosas cotidianas se encuentra lo especial.
Así vi Oaxaca. Claro, que hay veces en que no vemos o que vemos sin mirar. O tal vez sea la manera de mirar lo que modifique lo que vemos. 



A veces andamos como con los ojos tapados.
Hay otras en las que no se nos pierde ningún detalle.
Espiamos.
Curioseamos.
Observamos.
Encontramos.
Contemplamos.
Pensamos.
Oímos.
Olemos.
Tenemos los ojos (y la mirada) así de grandes.
Descubrí que el jugo verde (espinaca, apio, nopal, perejil, naranja, piña y miel) que vende una señora en la plaza es, además de nutritivo, muy rico. Conversé con lindas señoras que me vendieron lanas y me convencieron que tejer sería fácil. Leí poesía bajo la sombre de un árbol. Probé quesos en el mercado y las famosas nieves mexicanas que saben a helado de agua. Me topé con mensajes en las paredes y en páginas de libros.












Y después de caminar y ver la ciudad de Oaxaca, llegamos el Pacífico, aquel océano perfecto que nos habían prometido resultó, incluso, más bello que el Mar Caribe: inmenso, virgen, rústico, salvaje, intenso y que de pacífico no tiene nada pero de mágico lo tiene todo.

Zipolite.
San Agustinillo.
Y otra vez la misma pregunta: ¿De qué dependerá que nos enamoremos de los lugares -y de las personas- de un flechazo? ¿Estados de ánimo, maneras de ver, encuentros, desencuentros, temperaturas, climas, colores, emociones, pensamientos? ¿Cómo vemos lo que vemos?

¿Tener la capacidad de leer la letra chica -de los lugares y de las personas-? 

Y entonces el mar se me apareció azul infinito.


Y seguí con mi rutina de calentamiento, 1 minuto de trote y 6 de caminata. Tres series. 

Ay el mar, nunca había visto el mar con estos ojos.
Un mirar que oye su rugido día y noche, sin parar e intenso.
Un mundo está sucediendo bajo esas aguas, pienso.
Veo un sinfín de pájaros volar frente al peñón blanco que recorta éste azul ilimitado y perpetuo. Qué suerte les tocó de sobrevolar éstos mares, me digo. 

Hace unas semanas nos despedimos de Oaxaca. No fué un paisaje más ni en mi viaje ni en mi vida. Y otra vez confirmé que la magia de los lugares está en las pequeñas cosas. Posiblemente, casi como en el amor.

“…cantaba llorón tanto mezcal 
de pechuga mezcalito 
mezcalito de maguey 
pa todo mal mezcalito
y para todo bien también

Mezcalito - Lila Downs


¡Gracias Oaxaca!
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4 comentarios:

  1. Hermoso, chicos. Les debo un mail, una de estas noches. Abrazo!

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  2. Increíbles, adictivas, energéticas, inspiradoras son sus fotos y me dan todas las esperanzas de conocerlos pronto, ustedes abren mentes con estos renglones, ya los considero mis maestros !!!


    PATRICIO DEBLOC !

    MÉXICO ARGENTINA 2017 EN CHEROKEE...


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  3. realmente solo con mirar las fotos, que basicamente son los instantes capturados por uds... lo llenan de emocion a uno, sin conocer siquiera Oaxaca, asi que supongo que ha de ser sobrecogedor, y sobre todo bien intimista conocer los rincones de esta region... saludos!

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